Mi viaje a Roma (II parte)

¡Hola noctámbulos! ¡Hoy es mi cumpleaños! Bueno, además hoy os traigo la segunda parte de lo que fue mi viaje a Roma. Como os dije en la...

¡Hola noctámbulos!

¡Hoy es mi cumpleaños!

Bueno, además hoy os traigo la segunda parte de lo que fue mi viaje a Roma. Como os dije en la primera, serán tres los post que publique hablando de mi experiencia en la capital italiana. El siguiente capítulo, lo tendréis el martes que viene. Ahora sí...

¡Empecemos!


Nos levantamos pronto, ya que a las 10 teníamos la visita reservada en los Museos Vaticanos y teníamos que cruzar la ciudad en metro. Desayunamos rápido y salimos muy justas de tiempo, pero por suerte y después de dar vueltas por alrededor del Vaticano buscando la entrada a los Museos, llegamos a tiempo.
Después de pasar el control y entrar sin hacer mucha cola (sinceramente, creía que habría muchísima más cola para entrar), alquilamos una audioguía por 7€ que, según mi parecer, no estuvieron muy bien invertidos. Tarde o temprano me cansé de la audioguía y la llevaba por llevar, porque no le dí mucho uso.
Empezamos por el museo egipcio y seguimos por unas salas y un patio llenos de esculturas increíbles. Quizás fue la parte que más me llamó de todo el museo, eran preciosas.
Siguiendo el camino marcado para llegar hasta la Capilla Sixtina pasamos por pasillos y salas con techos, suelos y paredes que eran una pasada. Quizás todo era muy ostentoso, muy recargado, no sabías a donde mirar, pero el conjunto era precioso.
Una vez recorrimos todo los Museos (que parecen interminables), llegamos a la Capilla Sixtina. Debo reconocer que yo iba distraída hablando con mis amigas cuando de repente me encontré en una sala llena de gente mirando hacia arriba con la boca abierta, así que decidí hacer lo mismo y descubrí que me hallaba bajo la obra del mismísimo Miguel Ángel. Es emocionante estar allí debajo, sabiendo que una parte de eso lo pintó con la simple luz de una vela. Os tengo que decir que las pinturas me las imaginaba más grandes, pero me encontré con un techo repleto de detalles que me sorprendió.


 Al terminar la visita en los Museos, fuimos a la famosísima Plaza San Pietro. Como había una cola interminable para entrar a la Basílica, decidimos no entrar y seguir nuestro camino hasta el Castillo de San'Angelo, que solo observamos por fuera. A su alrededor había varios músicos que, si te parabas a observar a la gente y al Tíber, parecía que estuvieras dentro de una película. Fue una sensación muy agradable.
Seguimos nuestro paseo pasando por el puente de San'Angelo, que está repleto de ángeles a ambos lados. La verdad es que el paisaje desde allí es digno de postal, no parece que estés en el año 2016, si no que parece que de repente hayas hecho un salto en el tiempo hasta el 1800, supongo que es debido a que Roma es una ciudad sin rascacielos y con casas relativamente bajas, comparada con otras ciudades, como Barcelona o Madrid.


Siguiendo nuestra ruta por las encantadoras calles romanas, llegamos hasta la Piazza Navona. Esta plaza está caracterizada por no ser redonda, si no que tiene forma rectangular y tres fuentes en ella y, al menos una de ellas, construida por Bernini.
De la Piazza Navona hicimos un largo recorrido hasta la Fontana di Trevi otra vez, pasando por el Panteón. Una vez en Trevi, comimos y cogimos el metro en Barberini para ir hasta Flaminio para visitar la Piazza del Popolo. Allí hay las Chiese Gemelle, dos iglesias que son (o al menos parecen) exactamente iguales.


Desde la Piazza Navona fuimos hasta la Piazza di Spagna, donde compramos varios souvenirs. Desde Spagna hicimos una breve parada en el hotel, donde dejamos las cosas que llevábamos y volvimos al metro para ir hasta Circo Massimo, la parada más cercana al Trastevere.
Debo decir que de noche esa zona está muy oscura y apenas pasa gente, por lo que daba un poco de mal rollo. Pero una vez pasado y cerca de la orilla del Tíber, encontramos la Bocca Della Verità (nos la encontramos cerrada) y bastante más tráfico.
Una vez en el Trastevere empezamos a deambular por sus pintorescas calles italianas, haciendo tiempo para ir a cenar. Debo decir que es el barrio que me pareció más auténtico, más típico de la Italia que conocemos por películas.
Esa noche pasamos bastante frío y, además, el restaurante en el que teníamos una mesa reservada, Mama! Eat (para celíacos), estaba lleno y no nos pudieron coger antes. A las 10, que era la hora de nuestra reserva, volvimos a estar allí pero aún no había ninguna mesa libre, así que estuvimos esperando hasta las 10:45 para que nos atendieran. (¡Recomendación! Reservar mesa si tenéis pensado ir, nosotras lo hicimos y aún así tuvimos que esperar... MiSiedo fue la web donde hicimos la reserva.) La verdad, es que entre que estábamos cansadas, muertas de frío y con hambre, la comida fue deliciosa.
Y de vuelta al hotel, tuvimos que correr para coger el autobús. La verdad es que fue muy divertido ir en él, aunque pensamos que no llegábamos sanas y salvas al hotel... ¡qué manera de conducir!



Y hasta aquí el segundo día de mi experiencia en Roma. Ahora solo queda un día más, que podréis leer el próximo martes.


Pero antes... ¿Habéis estado en alguno de los sitios que os he dicho? ¿Os gustaría visitarlos? ¡Dejádmelo en los comentarios!











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